La Cura

“Cura sana, mal de rana, si no cura hoy, curará mañana”… Pienso en escribir sobre el cuidado y este “mantra” de la Madre, del Padre y de la Abuela, es lo primero que me viene a la cabeza…
Y de aquí me surge que EL CUIDADO SANA. Nos sana a nosotros mismos y sana a los demás.
Cuidar de aquel o aquella que nos acompaña desde que nacimos y que sin duda lo hará hasta que nos vayamos… nosotros mismos. Tratarnos con el mismo cuidado con el que lo haríamos con un niño; un hijo, un sobrino… Cómo nos hablamos, cómo nos alimentamos, cómo ponemos nuestros límites…
Cuidar del otro, del “prójimo”… Adoro esta palabra en castellano. Del latín, “proximus”, el más próximo, muy cercano. Cuidar entonces de nuestras personas próximas… Ver al otro como otro, acompañarlo, ayudarlo, hacerle sentir que estamos ahí.
Y cuidar de todo lo que nos rodea, de la Naturaleza, de los animales, de la VIDA, al fin y al cabo. Respetar y cuidar con nuestros gestos, pequeños o grandes.

Es con cuidado que sanamos, es con cuidado que nos hacemos bien los unos a los otros y es con cuidado que hacemos más amable el camino.
El auténtico Cuidado brota desde el corazón como el agua del Adou del Bastareny brota de aquellas cavidades en medio del Parque Natural Cadí Moixeró. Y para que sea así, requiere de nuestra atención, de nuestra humildad, de nuestra generosidad, empatía y solidaridad. Cuando soy capaz de “salirme un ratito de mí”, y mirar hacia afuera, puedo ver a los demás, y puedo sentirme formando parte de un TODO. Así puedo comprender que cuidando de los demás, estoy cuidando de mí.
El auténtico Cuidado es equilibrado. El que pulsa entre el dar y el recibir. El que es capaz de observar si ese gesto lo guardo en la lista del “debe”, si me sirve para sentirme necesaria, importante, indispensable… O si por el contrario, es un gesto libre de Ego y llena el Alma de Amor, Gozo y Alegría.
Es este Cuidado el que debemos cultivar, practicar y compartir. Es este el Cuidado que supone un granito de arena en “ser el cambio que queremos ver en el mundo”.
Un abrazo,
Cristina Patino.
